escritor

Los muertos no descansan.

—Ya son tres muertos. Dijiste que te matarías a los dieciséis.

—Lo sé, lo dije. ¿Y si no lo hago qué?

— ¿Romperás la promesa?

—No, claro que no —Dijo desesperada y con miedo—

—Mm, espero —Dijo con una sonrisa y sus ojos ardientes en fuego— Era temeroso, trágico, pero guapo.

Ay cariño, ¿estás enamorada de un demonio? —Pensé— Y tal vez sí, estaba enamorada de un demonio, pero no olvido que él fue como yo. ¡Un demonio que incita al suicidio! oh cariño sí que estás loca.

Entre rápidamente en shock, me dio mucho mareo, luego vi todo en blanco, al rededor había sombras estáticas que sólo se movían cuando yo daba la espalda. Enseguida apareció un gran agujero negro, me dio curiosidad así que me acerqué, al parecer había mucha fuerza de gravedad, era algo que te atraía, te jalaba muy fuerte hacia él, yo me resistí, pero por más fuerza que quise sacar no pude y caí, había mucho viento y me causo mucho mareo. Llegué abajo y el agujero desapareció. En este lugar había árboles, cada árbol llevaba una placa pegada con un nombre y dos fechas. Yo estaba muerta, eso era seguro, lo que no recuerdo es la causa de mi muerte y tampoco recuerdo haberme suicidado porque era fácil hablar con mi mente de como suicidarme, lo difícil era si mi corazón quería hacerlo. En ese momento vi un árbol gigante con muchas hojas, tenía placa, pero no un nombre y menos una fecha. Cuando lo toque sentí una especie de conexión, era una energía que me atraía al verlo, tocarlo, incluso lo rose con mis labios que en ese momento estaban secos, bruscos y muy morados.

Escuché algo entre los arbustos, sentí miedo, pero luego lo vi, era él, tenía un manto rojo y pantalones negros, ojos ardientes y una sonrisa tan peculiar. Era alto y muy fuerte. Corrí, lo abrace, en ese momento por primera vez podía sentir su olor a rosas marchita, ese amargo y dulce olor, me abrazo, apretó todos mis huesos, sentía que mi corazón el cual fue roto por un humano se reparaba y bombeaba cada vez más rápido. Por estas razones también pensé «como puedo estar muerta y mi corazón latiendo» él lastimosamente no podía leer mis pensamientos sino sabría que era imposible no enamorarme de él. Pero si podía sentir lo que yo sentía: miedo, incertidumbre, amor.

Ella portaba vestido negro y tiara roja, tenía ojos negros y una sonrisa que resplandecía de hoyuelo a hoyuelo, era maravillosamente hermosa. Lo que tocaba lo destruía, lo que no tocaba lo enamoraba. Su miraba era tentadora y temerosa.

Camine a media noche por calles oscuras en medio de la nada, buscando un porque y un tal vez, buscando en la luna una salida. Era luna llena, tome un collar que llevaba pegado a la garganta y lo pose delante de la fría luna, este brillo y me mostro que era el camino correcto. Esa noche mis recuerdos más oscuros vinieron a mi mente y me puse a temblar, sudaba frio, tome una navaja de mi bolsillo y me corte las venas. Grite, grite lo más fuerte que pude, pero me encontraba sola, aislada de las tumbas y nadie podía escucharme. Lo comprobé, no estaba muerta, pero ya me había suicidado y no había nadie para salvarme, él obtuvo lo que quería.

Según las tumbas.

Desperté en un ataúd de madera fría, limpia, con ropa nueva y sin ningún rasguño. Mi piel era más pálida de lo normal. Me levante y mire la placa en el árbol de la tumba donde me encontraba que decía “soy un ángel con demonios que la atormentan”, se me ha dado la curiosidad de mirar todas y cada una de las tumbas que estaban a mí alrededor y efectivamente cada una de ellas tenía una frase escrita en las placas de los árboles plantados como símbolo de que allí se encontraba el cuerpo de alguien.

Me recorrí todo el lugar buscando una salida, ya no tenía miedo y al parecer era yo la única en ese lugar que podía caminar, salir y volver a su tumba si le placía.

Cuando al fin llegue a lo que parecía una salida me encontré con hombres vestidos de negro vigilando, pude esconderme entre los arbustos sin que me vieran, de inmediato tome una de las placas la arranque y la tire lejos para despistar a los hombres de negro, salir corriendo sin que se dieran cuenta. Cuando estaba afuera voltee y arriba en las rejas había un gran letrero decía “bienvenido al infierno”.

Entre en un pesado bosque, lleno de lobos, búhos y serpientes que me miraban con ojos de incendio. Me encontraba fuera de sí, me dio un pequeño mareo y desmaye. Desperté a los pocos minutos, todo estaba más nublado que antes y el cielo se había encapotado de nubes oscuras.
Me levante, mire la piedra en mi collar que brillaba, al mismo tiempo que una luz tomo camino por los arbustos. Entonces corrí, corrí y encontré una ventana blanca con vidrios transparentes al abrirla era otro mundo, dentro venia una voz que decía “¿según las tumbas? ellas no saben nada”.

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